sábado, 6 de agosto de 2016

VALORES TRASTOCADOS o Ironía dolorosa si las hay. De Patricia Hart / Teatro y Neurociencias

VALORES TRASTOCADOS o Ironía dolorosa si las hay. De Patricia Hart

Es inaudita la pretensión del pueblo a que se atiendan sus reclamos, (que osa nombrar  atrevidamente como sus derechos adquiridos), cuando desestima e ignora por completo cuestiones elementales, como la correcta distribución de la vajilla, cubiertos, mantelería y cristalería  en una mesa bien puesta.



Teatro y Neurociencias
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HORIZONTE de Patricia Hart / Teatro y Neurociencias / Fotografía Yessabeth Facelli

HORIZONTE de Patricia Hart / Teatro y Neurociencias / Fotografía: Yessabeth Facelli
 
HORIZONTE de Patricia Hart / Teatro y Neurociencias / Fotografía: Yessabeth Facelli
Está allí.
En el punto de fuga.
Inasible.
Por más amarras concéntricas que lo definan.
Está allí.
Para significar nuestra marcha.

Fotografía: Yessabeth Facelli / Atlántida / Uruguay
Teatro y Neurociencias / Patricia Hart

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miércoles, 27 de julio de 2016

“AÑO 2320 / OCTUBRE / BUENOS AIRES” Cuento breve de Patricia Hart / Teatro y Neurociencias

“AÑO 2320 / OCTUBRE / BUENOS AIRES”   Cuento breve de Patricia Hart

Apuró el paso. Los senderos del Arroyo Maldonado, generosos en anchura y arboleda refrescaban el mediodía.
Sorteó un pequeño mojón de cemento, que los antiguos arquitectos diseñadores habían dejado adrede como señal de otras épocas.
Los vecinos lo destinaban para infinidad de funciones, las cuales eran impredecibles y dependían de muy variados factores. Guardaba un estrecho significado con las pircas de las culturas precolombinas.
Claro, recordó, todo se dio vuelta. Había leído que por el 2020, tres siglos antes, todo se había revertido. La ciudad dejó de expandirse con sus tuberías, sus hierros, sus asfaltos y sus edificios “tapatodo”, porque en el centro, en el mismísimo centro de Buenos Aires comenzó a surgir el agua, a borbotones, imparable, libre, serpenteante.
"AÑO 2320 / OCTUBRE / BUENOS AIRES" Cuento breve de Patricia Hart / Teatro y Neurociencias

Era tal el caudal y su fuerza que no existió ningún sistema que pudiera contenerla y dicen que alguien pronunció esta frase, -  ¿por qué no la dejan que vaya a donde quiera?
Quizá el agotamiento que todos padecían  al haber concentrando sus energías en hacerle “la contra al agua”, les permitió escuchar la propuesta que se destacó nítida sobre el frenesí obsesivo y en algún lugar de sus cerebros les resonó como posible.
Y dejaron de luchar contra ella. Y esperaron. Algunos esperaron desesperanzados, angustiados por lo que perdían, y murieron así, angustiados. Otros esperaron esperanzados por lo nuevo y contagiaron sus ilusiones a sus descendientes y murieron así, ilusionados. Otros se dedicaron a observar los cambios y fue grande su alegría cuando vieron brotes y luego arbustos y luego árboles, y pasto que casi se hacía pradera, y frutos y pájaros, y peces y mandarinos, higueras y flores, y alegrías del hogar y santa ritas. Y los niños ayudaron a construir los botes y las canoas que iban desde la Avda. San Martín hasta la desembocadura en el Río de la Plata, que era plateado, plateado de verdad. Y los tamaños de las  embarcaciones guardaban una armonía perfecta con las dimensiones del entorno. Y pudieron recuperar todos los sonidos y todos los aromas.
Y mientras pensaba todo esto, aminoró su marcha, así, naturalmente. Y saludó a uno, sonrió a otro, rozó con su mano la de otra, abrazó a ese, besó a aquel, y comentó a  varios sus pensamientos y comenzaron a convocarse, así naturalmente y llegaron los niños con sus “juegoslibros” y las gentes con sus cestos y sus mates y los músicos y los poetas y los científicos y los historiadores, e intercambiaron panes y ensaladas y viandas de todo tipo y poemas y aquel cantó y algunos bailaron y todos aplaudieron.
Y hablaron de las nervaduras de las hojas y de la Grecia antigua, y de Leonardo y de Einstein y de la Plaza de Mayo. Y todos preguntaban muchas cuestiones y hacían silencio y escuchaban y pensaban y sentían y después aventuraban respuestas de acuerdo a sus saberes. Y era una fiesta aprender en ese octubre, cerca del mojón de antaño, ese que esta ahí, a orillas del Maldonado.

Teatro y Neurociencias.
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Fotografía: Patricia Hart

lunes, 20 de junio de 2016

"EL MÁSTIL LIBERADOR" Cuento breve de Patricia Hart / Teatro y Neurociencias

“EL MÁSTIL LIBERADOR”  Relato breve de Patricia Hart
 
"El mástil liberador" Cuento breve de Patricia Hart / Teatro y Neurociencias
La Madre Directora, de la escuela religiosa, había encerrado en el patio, a todas las alumnas de quinto año, en pleno mediodía de diciembre, época de exámenes.
La exactitud del motivo por el cual tomara esa determinación, se pierde y desdibuja, pero sí guarda  estrecha relación con las acostumbradas prácticas de abuso de autoridad a las que las sometía sistemáticamente.
La escuela estaba vacía y silenciosa. La Madre Directora y las otras monjas se habían retirado al sector de los claustros.
El patio, enrejado y con las puertas de acceso cerradas con cuatro candados, no eran lo que se dice un pasaje a la libertad.
Las adolescentes, conversaban, reían o guardaban silencio, distribuidas en grupos, bajo un sol vibrante, por lo que se despojaron de algunas prendas de sus uniformes, algunas para aliviar el calor, otras, para broncearse.
Así, un grupo quedó recostado, contra una de las paredes por lo que veían con claridad en la pared de enfrente, al mástil, cuya bandera flameaba a la altura del segundo piso, pegadita al aula de ellas, con las ventanas abiertas.
Vaya uno a saber si las condiciones  del grupo, que se caracterizaba por tener un alto nivel intelectual, una envidiable preparación física, una osadía a toda prueba y una imaginación poderosa o si sencillamente las movió el impulso vital de lograr su propia liberación, el asunto es que treparon por el mástil, una por una, llegaron a su aula, recogieron sus mochilas y silenciosamente, bajaron por las escaleras y salieron por la puerta principal.

Teatro y Neurociencias

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sábado, 18 de junio de 2016

"HACER EL AMOR" de Patricia Hart / Teatro y Neurociencias

 “HACER EL AMOR” de Patricia Hart / Teatro y Neurociencias
 
"Hacer el amor" de Patricia Hart / Teatro y Neurociencias

Existen algunos paisajes del mundo que habitamos y también del universo,  que nos provocan “extrañeza”.
Probablemente porque nos devuelven ese inasible concepto de presente absoluto, que tan difícil le resultan a nuestros restringidos y limitados sentidos, comprenderlo.
Esa “extrañeza” consiste en una aguda percepción del instante, donde somos parte del hecho. Esa inmensidad nos incorpora y al mismo tiempo remarca nuestra insignificancia, nuestro existir como partícula en un todo. Increíblemente alojamos en esa experiencia, la simultaneidad del éxtasis  y la angustia.
También, en esa categoría de existencia dual simultánea, se pueden mencionar algunos modos de vincularse de los seres humanos y el que lleva la primacía es cuando dos personas  “hacen el amor”, donde el paso del tiempo se desdibuja y el espacio no transcurre. Conviven  el éxtasis y la angustia de su ausencia, en el instante.
Y todo esto, tanto sea en la contemplación de un paisaje, como en el hecho de “hacer el amor” mucho tiene que ver con los postulados de la física cuántica, que propone el ser partícula y onda al mismo tiempo.
Esa “extrañeza”, ese “eclipsamiento dual simultáneo” es la revelación del universo que somos y se nos hacen chicos nuestros límites para abarcarlo.
Quizás convenga pensarnos como contingencias en y del universo.
Una  particular, caprichosa y aleatoria configuración.

Colonia Del Sacramento / Uruguay
Fotografía y Textos. Patricia Hart
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jueves, 16 de junio de 2016

"TIRAR LA TOALLA EN EL CUADRILÁTERO DEL PENSAMIENTO" Artículo de Patricia Hart / Teatro y Neurociencias

“TIRAR LA TOALLA EN EL CUADRILÁTERO DEL PENSAMIENTO”
Artículo de Patricia Hart / Teatro y Neurociencias
La realidad vista desde la perspectiva de la articulación CienciaArte

"TIRAR LA TOALLA EN EL CUADRILÁTERO DEL PENSAMIENTO" Artículo de Patricia Hart / Teatro y Neurociencias / La realidad vista desde la perspectiva de la articulación ArteCiencia


¡Y claro! Si en el título ya sugiero un ring de boxeo, inevitablemente, quien lo lee, aunque no sea conciente le aparece en el cerebro una contienda, un enfrentamiento, una lucha entre rivales,  una competencia donde gana el mejor, el más hábil, el más fuerte, el más resistente, el más creativo, el más astuto, el más inteligente, el más talentoso, el más entrenado, el más plástico, en fin, “el más”.
Todo esto ya está inscripto en nuestros cerebros. Sólo bastó un título para que se disparara el chip de todos los mecanismos cerebrales y de la memoria cultural que responde al paradigma que nos fue dado casi genéticamente, (casi),  y que privilegia como valor por antonomasia del ser humano, el ganar la batalla, el salir victorioso, el vencedor, el que tiene poder sobre el otro porque es más.
Tiene sentido en una competencia deportiva, que gracias a dios (o a quien quieran) permite y posibilita hacer “catarsis” de esa condición, tanto en los deportistas, como en quienes los observan (para el cerebro es lo mismo)
Pero el “cuadrilátero” que propongo está en nuestras cabezas. Este cerebro peleador y “cocorito”  (los que tienen años “de más”, disfrutarán  este término) que llevamos adentro de la caja craneal, se las trae.
--¡En esta esquina el campeón de las emociones y los sentimientos!
--¡Y en esta esquina, el campeón del razonamiento abstracto y la reflexión!
Caramba, amigos, parece que el enfrentamiento en nuestro cerebro, en esta noche de boxeo “internacionalinternonocturno”, promete un espectáculo imperdible. Menos mal que lo tenemos adentro nuestro, porque lo podemos visualizar cuando queramos y sin que nadie se entere de su contenido. Bueno no es tan así de que nadie se entera, digo, ya que  si alguien nos está observando, ya sea por el lenguaje corporal o del rostro o el tipo de  mirada que manifestemos, puede considerarlas como  pautas para deducir en qué andamos. Pero eso no es motivo de este artículo.
El cerebro no puede mantener por mucho tiempo estas contiendas de campeones, con la intensidad que exige su desarrollo.  Por alguna razón los rounds son de tan pocos minutos. El desgaste es inconmensurable.
Algunos temas que captura nuestro “acorazonadocerebro” se acomodan perfectamente en la categoría de competencia espectacular de altísimo rendimiento super extracotidiano. Entonce viene la pregunta. ¿Cuánto tiempo un ser humano puede mantener ese estado de exigencia extrema con sus contendientes cerebrales? ¿Acaso, es posible que los managers y los popes y empresarios del boxeo, armen y exijan a los boxeadores, que jueguen por ejemplo, 40 rounds seguidos? ¿Es posible?  Supongamos que si. Supongamos que es posible. Entonces el espectáculo cambia su razón de ser, su móvil, su sentido y  se transforma de catarsis deportiva a placer perverso de los observadores que se complacen al ver el proceso de desintegración de los dos participantes / de deterioro / aniquilamiento / extinción / muerte / hasta que ambos tiren la toalla en el cuadrilátero / mientras se retiran embolsando los dineros apostados, a sabiendas que otros dos están esperando para reemplazarlos.
¿De qué estamos hablando? ¿Cuál sería la concepción y el objetivo profundo que persigue quien planifica tan drástico espectáculo?  Y volviendo al cuadrilátero del cerebro, ¿también colapsan nuestros campeones? ¿Tal vez sea una metáfora?
Tengo para mí, las asociaciones y posibles respuestas que se me han ocurrido. Pero no las transcribo porque no superararán nunca las vuestras. Me asumo limitada y confieso el temor que me produce aventurar restringidas opciones.

Ah, me olvidaba decirles que me encanta ver  box, cuando los deportistas lo transforman en una “luchaarte” / cuando hacen un despliegue de exactitud de observación en millonésimas de segundo / y en millonésimas de segundo reaccionan en ataque o en defensa / cuando el árbitro cuida a los jugadores / cuando los entrenadores los estimulan o apaciguan / cuando ellos disfrutan con pasión sus cualidades / cuando se abrazan al final / cuando se reconocen / cuando comparten y construyen entre los dos y el público el acontecimiento deportivo / cuando son aplaudidos por los espectadores y entonces, felices y satisfechos de haber dado lo mejor que cada uno podía, se retiran del cuadrilátero para descansar y entrenarse con pasión para un próximo encuentro. Y otro encuentro y otro encuentro y otro más, por siempre.


Abrazos para todos. Patricia Hart

















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martes, 14 de junio de 2016

"NO ERA LA PRIMERA VEZ" Cuento breve de Patricia Hart / Teatro y Neurociencias

“NO ERA LA PRIMERA VEZ
Cuento breve de Patricia Hart
"NO ERA LA PRIMERA VEZ" Cuento breve de Patricia Hart / Teatro y Neurociencias

No era la primera vez.
Tampoco la última.
La expansión territorial, la expropiación, el avasallamiento, el exterminio, constituía la esencia de la ingeniería de la dominación. Desde antes. Desde siempre.
Expertos en gestión.
Llegaron silentes,  sin caballos, sin armaduras, sin carabinas, ni siquiera un casco o un sable o un alfiler. Sólo necesitaron simular sonrisas efectivas, tan ensayadas durante siglos, tan seductoramente calculadas, que fueron creídas, como otras veces, o vendidas, como tantas otras.
Entonces, esta vez, llegaron por el sur más sur.
La cuña ya existía, entraron por allí.

Teatro y Neurociencias

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